RINCÓN POÉTICO

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El miedo vestido de sol

Por: Guadalupe García García

El miedo es una escusa para volverme loca, para huir, para cerrar la puerta.

El miedo me ató a la incertidumbre disfrazado de payaso, riendose en mí cara.

El sin vergüenza, escondió mis zapatos y me maquilló de vagabundo.

El miedo rompió mi ventana y la lluvia mojó mi casa.

Rompió mis libros, se robó mis poesías.
Las escondió en alguna parte, se llevó el amor.

Metió sombras en mis ojos, mudo mi voz, se llevó mi magia.

Un dia llegó alguien, hubo alguien que llegó en silencio,
puso de fondo una melodia suave, despertó en mis adentros, le escuché timida e inocente. Me repetia, ¡estoy aquí contigo, mirame!
No dejó de hablarme por mi nombre, de repetir mi nombre, de hablarme al oido.

Me llevo a recordar bellos paisajes, me mostro mi rostro, tomó mi mano y me miró fijamente repitiendome ¡ Confia en mi!
Me hizo temblar al ver mis triunfos, me recordó quién fuí.

Me pidió que le enseñara como lo habia logrado.
Me suplicó que hablara fuerte para extremecer el mundo, me hizo saber que estaba vivo.

Esa voz dentro de mi cabeza y esa melodia de fondo, tambièn trajo imagenes donde yo vestia de sol, de gala, donde yo usaba zapatillas.
Donde sabia volar ,donde estaba volando, donde hay sueños y rutas por conquistar.

Tenía miedo y esa voz me llenó de fuerza ,de coraje, de alegría.

Mi voz que había callado por tanto tiempo, que había olvidado escuchar, que había ignorado, hoy me habla fuerte, me canta melodías, me llama por mi nombre …

De repente me lleva a volar, me invita a comer.

Instantes de luna

Por: Guadalupe García García

Tierra firme, gritaba desde el oceano.
Tierra firme enmedio del llanto.
Miré a lo lejos la risa, el placer de vivir, en mis adentros una voz me decia: calma, «esto también pasara»

No era extraño escuchar voces, algunas ensordecian, otras apenas las notaba, extrañas voces diciéndome no te levantes, vivir es demasiado, es cruel, ¡callate!

Afuera no hay fortuna, nadíe puede verte.
Las tardes de niebla, el rio inundado y mi corazón vacio, inquieto, fastidiado. Dias llenos de telarañas, mis cuadernos repletos, listas interminables de razones para huir a cualquier sitio, que pudiera ser el más tenebrozo o donde no hubiera ni sombras.
Las voces me aniquilaban quería callarlas a todas, era necesario callar todas, me perseguían como gatos. Era necesario buscar culpables, huir de mi. Escapar sin rumbo ocultarme en los sotanos de la culpa.

No hay gozo.
No hay nada.

Una vuelta por mis pensamientos era peor que ir en dirección contraria a medio carril.
Sentia el huracán en mis adentros, sin este amor.

Un día sucedio tal cual lo intento describir, no era yo, no era yo quien escribia esa historia, ni estaba segura de si estaba despierta.

Muchas veces amanecía pescando al pie del balcón, otras caminando sin rumbo, tantas veces me encontré hablando sola y otras estando en la cancha.
Lo juro no estaba loca, ni siquiera sabia que hacía. Solo tenía sentido vagar sin dirección hacia algún sitio.

Un día desperté, encontré el sentido a la vida. En la esquina al salir miré a lo alto el magestuoso arcoíris, cruzando la ciudad.
Encontré el amor, me abrazó fuerte y me dijo susurrando: Dios está en tu corazón, fue una conversación por largos e interminables dias, a veces, solo me mira, otras cura mi alma.
Algo dentro de mi empezó a brillar, la música despertó.
Podría decir que amaneció una voz , esa voz llena de calma, me abrazó, me dijo: estoy contigo,¡ vamos!
Hoy es un gran día, afuera está el sol.

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